A cielo abierto, bajo las aguas

Fuente: Huelva Información,  27/01/2012
http://www.huelvainformacion.es/article/opinion/1169684/cielo/abierto/bajo/las/aguas.html

La que fuera la mayor mina a cielo abierto de Europa está inundada. Corta Atalaya, la ciclópea explotación cuprífera de la cuenca minera de Riotinto, ha ido, como un cáliz humano, llenándose de agua, de internas aguas rojas que la sumergen, la ahogan en sí misma, la licuan en su propia sangre. Corta Atalaya nos pertenece a todos. Su propiedad material y su futuro pueden estar en manos de empresas y de políticos, avaricia e incompetencia, manipulación de intereses que más o menos enfrentados o solapados, oscuramente enrevesados, egoístas y ladinos (“que si tú, que si yo…”) convergen y coinciden en un resultado devastador: indiferencia, parálisis.

La gigantesca mina, legendaria y tan dramáticamente hermosa, no puede ser propiedad de quienes la abandonan como a la bolsa de papel que guardó un bocadillo que ya se merendaron, ni de quienes la desechan porque no encuentran el ansiado bocadillo que esperaban hallar dentro. Corta Atalaya es símbolo e historia, porque es el resultado de la grandeza y la miseria humanas, del esfuerzo y el dolor y la esperanza, es un asombro tangible. Y si tuviera presente, aún encarnaría un futuro. Ese gigantesco anfiteatro está en la Cuenca Minera y a ella pertenece, mas es también de toda Huelva y de Andalucía y…, ¿es preciso recordar que fue la segunda mina mayor del mundo?, trasciende pues las fronteras y deviene en un espacio, un territorio, tan material como anímico.

Al imán turístico, a la atracción que para miles de visitantes ejercen esa especie de dantescos círculos de La Divina Comedia, como foco de rentabilidad, se suman las emocionantes raíces de su poderosísimo símbolo de Hombre y Tierra, Vida y Muerte. ¿De qué sirve que sea declarada BIC, con tipología de Zona Patrimonial?, ¿para qué si se permite el obsceno avance de una agonía anunciada? ¿No merece esa telúrica espiral de vértigo un respeto como mínimo similar a los pinos de La Rábida?, ¿se permanecería de brazos cruzados ante, por ejemplo, la inundación de la Gruta de las Maravillas o el enterramiento de la Casa Colón? Se diría que el anegamiento de Corta Atalaya fuera el reflejo metafórico, aunque tangiblemente cruel, del ahogamiento mismo que sufre la propia Cuenca Minera, abandonada, deprimida.

Los ciudadanos no podemos formar una cadena y con cubos vaciar esos millones de litros que habrán hecho ya desaparecer las estalactitas, los vitriolos de fascinantes tonalidades que convertían las galerías en un paisaje onírico, no podemos quitar las cataratas que ciegan el ojo del Cíclope, pero, indignados, doloridos, rebelados, no debemos callar, cada silencio es una gota más en esas aguas que ahogan con su lacerante abandono el corazón de nuestra tierra.

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